La belleza de una utopía oculta en lo cotidiano

Con la melancolía del blanco y negro buscaba encontrar esperanza en la vida diaria de una Francia destrozada por la gran guerra. La fuerza de Robert Doisneau reside en la sencillez de sus fotografías, en la belleza con la que retrató el día a día de la ciudad. La alegría del Bistrot Cloisonée, la ternura de los porteros de la rue du Dragon, y sobre todo, la pasión del beso frente al ‘Hôtel de Ville’.

 
Lejos del pesimismo propio de haber vivido la Gran Depresión y dos Guerras Mundiales, el teatro que pone en escena Doisneau está cargado de dignidad y de vida. La gran mayoría de sus obras reflejan un París pintoresco, desenfadado y enamorado. Grandes fotógrafos contemporáneos como Henri Cartier Bresson reconocieron ver en Doisneau un artista que trabajaba con pasión al tiempo que rompía con las formas convencionales.

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Doisneau se consideraba a sí mismo un amante del color – con el que le gustaría haber trabajado más –, aunque su obra más extensa y conocida es en blanco y negro. La fotografía más conocida que publicó, el beso frente al ayuntamiento, es ahora icono del amor idealizado y el siglo XX, pero también es la que arruinó sus últimos años de vida. Los múltiples juicios y el hecho de que los protagonistas estuviesen posando, ensombrecieron el trabajo y la vida del fotógrafo. “Una imagen pute” dixit.

 
El beso del ayuntamiento aún es una imagen muy polémica desde que Robert Doisneau reconociese que no fue una instantánea. Aun así, la mentira da vida a otra realidad, la del amor idílico en el París de los años 50, una realidad esperanzadora para una Europa arrasada por la Segunda Guerra Mundial. El icono no es la historia de los jóvenes, si no el propio beso. El beso es un espejismo de ilusión en un mundo decadente, es la abstracción del amor, el instante que todos quisiéramos eterno.

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El beso de Doisneau es más que una fantasía, es el recuerdo de una época que no fue, pero que quiso imaginar. Una época que transciende en el tiempo porque no tiene ni un principio ni un final, tan solo es el reflejo de la pasión. Es un segundo eterno.

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